(Éxodo 35:31).
Es muy usual que cuando a alguien le mencionamos el Espíritu Santo inmediatamente piensa en religión, o en gente brincando, llorando, o cayéndose al piso.
Pero casi nadie asocia al Espíritu Santo con un laboratorio, o una universidad, o la facultad de bellas artes, o el congreso de un país, o una oficina de la ONU.
Sin embargo, cuando leemos la Biblia encontramos casos como el de Bezaleel y Aholiab, dos caballeros judíos a quienes el Espíritu Santo, de manera sobrenatural, convirtió en artistas y científicos, las dos cosas, para lo cual, milagrosamente, debió desarrollar ambos hemisferios de sus cerebros, tanto el izquierdo, para ser científicos, como el derecho, para ser artistas.
Y estos dos hombres nunca fueron a una universidad, pues eran esclavos en Egipto; sino que más bien fundaron una en el desierto, con la autorización de Moisés, para poder levantar a otros artistas y científicos que sirvieran en la obra del santuario para Dios.
Y hay otros casos como el del profeta Daniel, a quien el Espíritu Santo le dio sabiduría sobrenatural para que durante 72 años ejerciera un ministerio de consejería a reyes, lo cual hizo con siete babilónicos (Nabopolasar, Nabucodonosor, Evil-Merodac, Neriglisar, Labas-Marduk, Nabonido, y Belsasar), uno meda (Darío) y uno persa (Ciro).
Claro que si en esta época Daniel le dijera a sus líderes de la iglesia que el Espíritu Santo lo ha llenado para ir a la sede del gobierno de su país como asesor, seguramente lo pondrían en disciplina.
Y tal vez hasta él mismo pensaría que era una locura. Fue por ello que los babilonios lo secuestraron y lo llevaron al palacio real a estudiar en sus universidades ciencias y artes, aunque él jamás se contaminó con esa cultura que no se sometía ni a Dios ni a sus leyes, y lo hizo inclusive arriesgando su propia vida.
Bezaleel, Aholiab, Daniel y otros, son ejemplos de cómo Dios, a través del Espíritu Santo, le da dones (Charismas en el griego del Nuevo Testamento) a una persona, para que cumpla un ministerio o servicio (Diakonia en el griego del Nuevo Testamento) como parte del trabajo de la iglesia de Cristo en el mundo.
Pero al hablar de iglesia no pensemos en la local, la del auditorio con sillas, instrumentos musicales y un púlpito; sino en la global, la que conforman millones de personas en el planeta tierra y que han sido redimidas por Jesús, el Mesías.
¡Déjate usar por Dios a la manera de Dios, no a la manera de la religión o la tradición!
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Tomado de:
«Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.